Tales de Mileto (624 - 562 a. e. c.)
Según Aristóteles, a este personaje se le considera el
iniciador de la filosofía por haber sido el primero que, al preguntarse sobre
el origen principio de las cosas, concretó, de manera objetiva, el problema con
el cual daría comienzo la actitud filosófica que busca aplicaciones racionales.
Dicho problema fue el del Arjé o
principio de las cosas, es decir, la preocupación por encontrar el elemento del
cual proceden las cosas cuando aparecen y al cual regresan cuando dejan de ser
lo que son.
Tres son las afirmaciones de Tales de Mileto
relacionadas con este problema:
- La Tierra flota sobre el agua
- El agua es el principio de todas las cosas.
- Todas las cosas están llenas de dioses (o espíritus).
La primera afirmación es todavía una repercusión de
las ideas mitológicas de los siglos VIII y VII a. e. c. La tercera ha sido
objeto de las más variadas interpretaciones. Algunos dirán que Tales se refería
a las fuerzas de la naturaleza; otros supondrán que a las propiedades de atracción
que tienen algunas sustancias como el ámbar.
La segunda afirmación es la que contiene propiamente
la solución que él formuló al problema del arjé.
Tales consideraba que el agua es la sustancia primordial, es decir, el elemento
primario de todas las cosas, porque sus observaciones lo llevaron a concluir
que toda manifestación vital se da en un ambiente de humedad y que todas las
cosas son húmedas por naturaleza.
Anaxímenes (circa 588-524 a. e. c.)
La escuela de Mileto tuvo tres miembros: Tales, que
fue el iniciador; Anaximandro, asociado de Tales; y Anaxímenes, asociado de
Anaximandro.
En una exposición cronológica correspondería presentar
en este apartado, la solución de Anaximandro al problema del arjé pero, de acuerdo con el criterio de
clasificación que estamos manejando, nos ocuparemos primero de Anaxímenes,
porque él, al igual que Tales, propuso como principio de las cosas un elemento
observable. Ambas soluciones se pueden considerar como físicas.
Anaxímenes estableció el aire como principio de todas
las cosas. El aire, para que pueda fungir como constitutivo universal, necesita
tener básicamente dos características: ser transformable y ser infinito. El
aire es transformable, es decir, puede adoptar cualquier forma, como veremos después
en la teoría de la evolución. El aire además es infinito y, por eso, no se
agota en las múltiples transformaciones.
Anaxímenes comparó al aire con el aliento o soplo que
sostiene nuestro cuerpo a modo de alma. Afirmaba: “Así como nuestra alma, que
es aire, nos sostiene, así también el soplo y el aire rodean el mundo entero”. La
Tierra, según Anaxímenes, es como una mesa (o una tabla) que está sostenida
sobre el aire; de igual manera se encuentran los astros, aunque estos son
materia ígnea. Del aire como sustancia primaria, resultan todas las cosas, mediante
un proceso de dilatación (aráiosis) y
condensación (pyknosis)
El proceso evolutivo se opera en esta forma, cuando el
aire se dilata se hace cálido y ligero, y se transforma en éter; por el
contrario, cuando se condensa, se hace frío y pesado y, según que se condensa
más y más, va adquiriendo la forma de viento, nubes, agua, tierra, piedras y de
todas las cosas. Fácil advertir que uno de los méritos de Anaxímenes fue haber
presentado una teoría de la evolución, apoyada en principios rectores.
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