Al hombre no lo definen las respuestas que da o que recibe sino las preguntas que hace (slc)

viernes, 12 de abril de 2013

PARA 9°, 10° Y 11° (EL CONOCIMIENTO)


PARA 10° Y 11°
EL CONOCIMIENTO
1.1. El conocimiento como problema
En nuestra vida cotidiana, en el trabajo, los estudios o la constante interacción social, adquirimos y utilizamos una inmensa cantidad de conocimientos, tan variados como el universo mismo: sabemos de qué color es el perro de nuestro vecino y reconocemos el semblante de la persona que amamos, aprendemos cuántos electrones orbitan en un átomo de helio o la fecha en que fue fundada nuestra ciudad. El conocimiento se nos presenta como algo casi natural, que vamos alcanzando con mayor o menor esfuerzo a lo largo de nuestra vida, que normalmente aceptamos sin discusión, especialmente cuando lo adquirimos en la escuela o a través de medios escritos de comunicación. Pero en algunas ocasiones percibimos que las cosas no son tan simples, que hay afirmaciones discutibles o sencillamente falsas. Encontramos que, en una conversación cualquiera o en una polémica determinada, hay aseveraciones que tienen diverso valor, que son más o menos confiables que otras y que dicho valor depende -en buena medida- del modo en que se ha llegado hasta ellas. Esto puede ocurrir, por ejemplo, cuando descubrimos que una persona relata hechos que no ha tenido ocasión de comprobar o cuando comprendemos que se han sacado inadvertidamente conclusiones erradas, ya sea por haberse confundido los términos de un problema o por basarse en datos incompletos, aproximados o directamente equivocados. Si reflexionamos sobre estos casos, encontraremos que es posible hacerse una pregunta, una pregunta tal que cambia por completo nuestra actitud ante los conocimientos que tenemos:
¿cómo sabemos esto o aquello?
-podemos inquirir-, ¿en qué nos basamos para afirmar o para aceptar la afirmación de otros?, ¿cómo sostener que algo es verdad, si no hemos podido comprobarlo directa y personalmente? Y más todavía, aun cuando nuestros sentidos parezcan indicarnos claramente una respuesta, ¿podremos estar seguros de lo que vemos, oímos y sentimos? Porque el Sol parece girar alrededor de nuestro planeta, y sabemos que eso no es cierto; la materia presenta un exterior inerte, y sin embargo está cargada de una tremenda energía, y así podríamos seguir, casi hasta el infinito.

Al llegar a este punto podemos entonces vislumbrar que existe un problema alrededor de lo que es el conocer, el saber algo acerca de los objetos que nos rodean o de nosotros mismos. Y este problema radica fundamentalmente en que los seres humanos utilizan, para desarrollar su vida y realizar sus actividades, un conjunto amplio de conocimiento pero, por otra parte, la verdad no se muestra directa y llanamente a nuestra percepción, debe ser buscada, encontrada por medio de un trabajo indagatorio sobre los mismos objetos que intentamos conocer. Surge entonces una primera distinción que es preciso resaltar, particularmente para los estudiantes: no debemos confundir una afirmación respecto a un hecho o aun objeto, con el proceso mediante el cual se ha obtenido el conocimiento cuyo resultado es dicha afirmación. En otras palabras, aquello que dice un profesor o que dice un libro o un periódico -digamos, por ejemplo, que la economía del país crece a un ritmo del 4 % anual -es una afirmación que, cierta o falsa, nosotros podemos recordar y utilizar; es, por tanto, un conocimiento, que recibimos si se quiere de un modo pasivo, y que incorporan y relacionamos con otros que poseemos de antemano. Pero resulta evidente que alguien, una o más personas son los responsables de esa afirmación; alguien, de algún modo, en algún momento, ha estudiado la economía a la que nos referimos y ha determinado por algún medio que su crecimiento anual es del 4 % y no del 3 % o del 5 %. ¿Cómo lo ha hecho?, ¿de qué recursos se ha valido para saberlo? Éste es el punto que nos interesa destacar. Cuando comenzamos a preocuparnos acerca del modo en que se ha adquirido un conocimiento, o cuando intentamos encontrar un conocimiento nuevo, se nos presentan cuestiones de variada índole, muchas de las cuales integran el campo de estudio de la metodología. Algunos de estos problemas, los más generales, serán apenas esbozados en las páginas siguientes, por cuanto son el tema de la epistemología y de la filosofía del conocimiento en general; otros, más específicos, son los que abordaremos a partir del capítulo 3 de este libro. 

 1.2. El conocimiento como proceso
El hombre parece haber estado siempre preocupado por entender y desentrañar el mundo que lo rodea, por penetrar en sus conexiones y en sus leyes, por atisbar hacia el futuro, descubriendo las relaciones y el posible sentido de las cosas que existen a su alrededor. No podemos aquí discutir por qué ocurre esto, ni resumir tampoco las varias teorizaciones que existen al respecto. Puede resultar útil, sin embargo, intentar una breve digresión. Desde que la especie humana empezó a crear cultura, es decir, a modificar y remodelar el ambiente que la rodeaba para sobrevivir y desarrollarse, fue necesario también que comprendiera la naturaleza y las mutaciones de los objetos que constituían su entorno. Tareas que a nuestros ojos resultan tan simples como edificar una vivienda precaria, domesticar animales o trabajar la tierra, sólo pudieron ser emprendidas a luz de infinitas y cuidadosas observaciones de todo tipo; el ciclo de los días; las noches, el de las estaciones del año, la reproducción de animales y vegetales, el estudio del clima y de las tierras y el conocimiento elemental de la geografía fueron, indudablemente, preocupaciones vitales para nuestros remotos antecesores, por cuanto de esta sabiduría dependía su misma supervivencia.

El conocer, entonces, surgió indisolublemente ligado a la práctica vital y al trabajo de los hombres, como un instrumento insustituible en su relación con un medio ambiente que procuraban poner a su servicio. Pero, según las más antiguas narraciones que poseemos, el pensamiento de esas lejanas épocas no se circunscribió exclusivamente al conocimiento instrumental, aplicable directamente al mejoramiento de las condiciones materiales. Junto con éste apareció simultáneamente la inquietud por comprender el sentido general del cosmos y dela vida. La toma de conciencia del hombre frente a su propia muerte originó una peculiar angustia frente al propio destino, ante a lo desconocido, lo que no se puede abarcar y entender. De allí surgieron los primeros intentos de elaborar explicaciones globales de toda la naturaleza y con ello el fundamento, primero de la magia, de las explicaciones religiosas más tarde, y de los sistemas filosóficos en un período posterior. Si nos detenemos a estudiar algunos de1os libros sagrados de la antigüedad, y hasta los mitos de los pueblos ágrafos o las obras de los primeros filósofos, veremos, en todos los casos, que en ellos aparecen sintéticamente, pero sin un orden riguroso, tanto razonamientos lúcidos y profundos como observaciones prácticas y empíricas, sentimientos y anhelos junto con intuiciones, a veces geniales y otras veces profundamente desacertadas. Todas estas construcciones del intelecto -donde se vuelcan la pasión y el sentimiento de quienes las construyeron- pueden verse como parte de un amplio proceso de adquisición de conocimientos que muestra lo dificultosa que resulta la aproximación a la verdad: en la historia del pensamiento nunca ha sucedido que alguien haya de pronto alcanzado la verdad pura y completa sin antes pasar por el error; muy por el contrario, el análisis de muchos casos nos daría la prueba de que siempre, de algún modo, se obtienen primero conocimientos falaces, ilusiones e impresiones engañosas, antes de poder ejercer sobre ellos la crítica que luego permite elaborar conocimientos más objetivos y satisfactorios. Lo anterior implica decir que el conocimiento llega a nosotros como un proceso, no como un acto único donde se pasa de una vez de la ignorancia a la verdad; y es un proceso no sólo desde el punto de vista histórico que hemos mencionado hasta aquí, sino también en lo que respecta a cada caso particular, a cada descubrimiento, teoría o hipótesis que se elabora. A partir de lo anterior será posible apreciar con más exactitud el propósito de nuestro libro: presentar una visión de conjunto del proceso mediante el cual se obtiene el conocimiento científico, es decir, de la investigación científica.

1.3. Diferentes tipos de conocimiento
Hemos hecho alusión, en líneas anteriores, a sistemas religiosos y filosóficos, al pensamiento mágico y a otras creaciones culturales del hombre que no se pueden desestimar  pese a sus posibles errores, puesto que deben ser comprendidas como parte de un proceso gradual de afirmación de un saber más riguroso y confiable. Pero no se trata sólo de distinguir entre los aciertos y los errores: existe también una diferencia entre el pensamiento racional y las emociones, las intuiciones y otros elementos no racionales del discurso. Si concebimos al hombre como un ser complejo, dotado de una capacidad de raciocinio pero también de una poderosa afectividad, veremos que éste tiene, por lo tanto, muchas maneras distintas de aproximarse a los objetos de su interés. Ante una cadena montañosa, por ejemplo, puede dejarse llevar por sus sentimientos y maravillarse frente la majestuosidad del paisaje, o bien puede tratar de estudiar su composición mineral y sus relaciones con las zonas vecinas puede embargarse de una emoción definida que le haga ver en lo que tiene ante sí la obra de Dios o a un destino especial para sí y el universo, o también puede detenerse a evaluar sus posibilidades de aprovechamiento material, contemplándola como un recurso para sus fines.

El producto de cualquiera de estas actitudes será, en todos los casos, algún tipo de conocimiento. Porque un buen poema puede decirnos tanto acerca del amor o de la soledad como un completo estudio psicológico, y una novela puede mostrarnos aspectos de una cultura, un pueblo o un momento histórico tan bien como el mejor estudio sociológico. No se trata de desvalorizar, naturalmente, el pensamiento científico, ni de poner a competir entre sí diversos modos de conocimiento. Precisamente lo que queremos destacar es lo contrario: que hay diversas aproximaciones igualmente legítimas hacia un mismo objeto, y que lo que dice el poema no es toda la verdad, pero es algo que no puede decir la psicología porque se trata de una percepción de naturaleza diferente, que se refiere a lo que podemos conocer por el sentimiento ola emoción, no por medio de la razón. Lo anterior tiene por objeto demostrar que el conocimiento científico es uno de los modos posibles del conocimiento quizás el más útil o el más desarrollado, pero no por eso el único, o el único capaz de proporcionarnos respuestas para nuestros interrogantes y es importante, a nuestro juicio, distinguir nítidamente entre estas diversas aproximaciones para procurar que ningún tipo de conocimiento pueda considerarse como el único legítimo y para evitar que un vano afán de totalidad haga de la ciencia una oscura mezcla de deseos y de afirmaciones racionales. Porque, cuando el campo del razonamiento es invadido por la pasión o la emoción, éste se debilita, lo mismo que le sucede a la intuición religiosa o estética cuando pretende asumir un valor de saber racional que no puede, por su misma definición, llegar a poseer. Por este motivo es que resulta necesario precisar con alguna claridad -aun cuando lo haremos someramente- las principales características de ese tipo de pensar e indagar que se designa como científico.
“El proceso de investigación”, Carlos A. Sabino
ACTIVIDAD: Para realizar en el cuaderno
1.       Extraiga diez (10) ideas principales del texto.
2.       Realice un cuadro sinóptico de todo el documento.
3.       Responda: ¿Qué diferencias pueden establecerse entre el conocimiento científico y otros tipos de conocimiento?

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