EL MITO
Definir qué es un mito (del
griego, muthos) no es, desde luego, tarea fácil. Una definición entregada por
la Real Academia de la Lengua, señala que el mito es una “narración maravillosa
situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter
divino o heroico. Con frecuencia interpreta el origen del mundo o grandes
acontecimientos de la humanidad.” Y agrega que es una “Historia ficticia o
personaje literario o artístico que condensa alguna realidad humana de
significación universal”.
A partir de esta definición,
podemos agregar que los mitos son relatos que cuentan cómo se crearon los
cielos, de dónde provienen los vientos o cómo nacen los propios dioses; los
mitos nos transportan a un tiempo sagrado distinto al nuestro, más abierto a
los hombres como su propio horizonte.
Para el estructuralista Claude
Lévi-Strauss, "un mito es percibido como tal por cualquier lector en todo
el mundo", lo que nos proporciona una primera aproximación: el mito es una
clase de relato, caracterizada normalmente por tratar temas fabulosos o
ficticios sobre dioses y héroes de un pasado remoto, cuya temporalidad es
radicalmente distinta a la de la historia.
Estructura del mito
La estructura del mito —que
intenta significar (no explicar) su medio de supervivencia: el mundo natural,
el espíritu y la sociedad en que pervive y muta— no es obra de hombre, pueblo,
tribu o cultura alguna, ni está al alcance de su comprensión racional —a tal
punto que cualquier interpretación dada por el pueblo mismo del que surgió, o
en el que subsiste, debe ser considerada como la más alejada de la verdad—;
surge de, apela y conmueve a los entramados inconscientes que diseñan la
personalidad, la cultura y el ser mismo del hombre en cuanto tal.
Un mito es, simplemente, un espejo
de aumento en donde el espíritu humano, como tal, se observa con una mirada que
cala hasta los huesos de su propia estructura; es el desvelador, el
presentador, el mediador del espíritu ante sí mismo, aquello que le permite
advertir que su estructura interna coincide con la externa y no es más que una
con ella.
Características
Según Mircea Eliade, el mito es
una historia sagrada que narra un acontecimiento sucedido durante un tiempo
primigenio, en el que el mundo no tenía aún su forma actual. Los
acontecimientos de la naturaleza que se repiten periódicamente se explican como
consecuencia de los sucesos narrados en el mito (por ejemplo, en la mitología
griega el ciclo de las estaciones se explica a partir del rapto de Perséfone).
Sin embargo, no todos los mitos se refieren a un tiempo "primero",
también pueden abordar sucesos acontecidos después del origen, pero que
destacan por su importancia y por los cambios que trajeron.
-Según la visión de Claude
Lévi-Strauss, antropólogo estructuralista, todo mito tiene tres características:
-Trata de una pregunta existencial, referente a
la creación de la Tierra, la muerte, el nacimiento y similares.
-Está constituido por contrarios
irreconciliables: creación contra destrucción, vida frente a muerte, dioses
contra hombres o bien contra mal.
-Proporciona la reconciliación de esos polos a
fin de conjurar nuestra angustia.
Por su parte, el antropólogo Bronislaw
Malinowski afirmaba que no hay aspecto importante de la vida que sea ajeno al
mito. Por ello, existen mitos religiosos (como el nacimiento de los dioses),
políticos (como la fundación de Roma) o sobre temas particulares (por qué el
maíz se convirtió en el principal alimento de un pueblo, como sucedió con los
pueblos prehispánicos de México). Para Malinowski los mitos son narraciones
fundamentales, en tanto que responden a las preguntas básicas de la existencia
humana: razón para existir, razón de lo que lo rodea, entre otras. Malinowski
también aclaró que el mito pertenece al orden de las creencias y que si bien es
una explicación, no es una explicación racional, sino cultural.
Función del mito
Las funciones de los mitos son
múltiples. No obstante, en general, se puede aceptar tres funciones esenciales:
explicativa, de significado y pragmática. La función explicativa se refiere a
que los mitos explican, justifican o desarrollan el origen, razón de ser y
causa de algún aspecto de la vida social o individual, por ejemplo, el mito
griego que narra cómo se originó el mundo del "Caos" o el Génesis que
comenta el nacimiento de la mujer de la costilla de un hombre. La función
pragmática del mito implica que los mitos son la base de ciertas estructuras
sociales y acciones, así, un mito puede marcar una línea genealógica y
determinar quiénes pueden gobernar o no. Gracias a esta función, los mitos
especifican y justifican por qué una situación es de una manera determinada y
no de otra. La función de significado se refiere a que los mitos no son sólo
historias que brindan explicaciones o justificaciones políticas, también
otorgan un consuelo, objetivo de vida o calma a los individuos, así sucede con
mitos que hablan de la muerte, el sufrimiento o la victoria, por lo tanto, los
mitos no son historias alejadas de la persona, sino que funcionan como un
asidero existencial, un motivo, de acuerdo al psicoanalista estadounidense,
Rollo May. Las tres funciones se suelen combinar de manera constante.
Tipos de mitos
Se distinguen varias clases de
mitos:
Mitos cosmogónicos: intentan explicar la
creación del mundo. Son los más universalmente extendidos y de los que existe
mayor cantidad. A menudo, se sitúa el origen de la tierra en un océano
primigenio. A veces, una raza de gigantes, como los titanes, desempeña una
función determinante en esta creación; en este caso, tales gigantes, que suelen
ser semidioses, constituyen la primera población de la tierra.
Mitos teogónicos: relatan el origen de los
dioses. Por ejemplo, Atenea surge armada de la cabeza de Zeus.
Mitos antropogénicos: narran la aparición del
ser humano, quien puede ser creado a partir de cualquier materia, viva (una
planta, un animal) o inerte (polvo, lodo, arcilla, etc.). Los dioses le enseñan
a vivir sobre la tierra. Normalmente están vinculados a los mitos cosmogónicos.
Mitos etiológicos: explican el origen de los
seres, las cosas, las técnicas y las instituciones.
Mitos morales: explican la existencia del bien
y del mal.
Mitos fundacionales: cuentan cómo se fundaron
las ciudades por voluntad de dioses. Un ejemplo es el de la fundación de Roma
por dos gemelos, Rómulo y Remo, que fueron amamantados por una loba.
Mitos escatológicos: anuncian el futuro, el
fin del mundo. Siguen teniendo amplia audiencia. Estos mitos comprenden dos
clases principales, según el elemento que provoque la destrucción del mundo: el
agua o el fuego. A menudo están vinculados a la astrología. La inminencia del
fin se anuncia por una mayor frecuencia de eclipses, terremotos, y toda clase
de catástrofes naturales que aterrorizan a los humanos. El clásico ejemplo es
el 'Apocalipsis', considerado como tal por Bertrand Russell.
Lectura literal, alegórica y
simbólica
Si bien los mitos parecen haber
sido planteados originalmente como historias literalmente ciertas, la
dialéctica entre la explicación mítica del mundo y la filosófica y científica
ha favorecido el desarrollo de lecturas no literales de los mitos, según las
cuales éstos no deberían ser objeto de creencia, sino de interpretación.
Así, la lectura alegórica de los
mitos, nacida en Grecia en la época helenística, propone interpretar a los
dioses como personificaciones de elementos naturales. Este empeño encuentra su
continuación en teorías posteriores, como la difundida en el siglo XIX por Max
Müller, según la cual los mitos tienen su origen en historias mal comprendidas
sobre el sol, que ha sido objeto de personificación, convirtiéndose en un
personaje antropomorfo (el héroe o dios solar).
La lectura simbólica considera
que el mito contiene un contenido veraz, pero no sobre aquello que
aparentemente trata, sino sobre los contenidos mentales de sus creadores y usuarios.
Así, el mito sobre cómo un dios instituyó la semana al crear el mundo en siete
días contiene información veraz sobre cómo dividía el tiempo la sociedad que lo
creó y qué divisiones hacía entre lo inanimado y lo animado, los distintos
tipos de animales y el hombre, etc. Los mitos contienen también pautas útiles
de comportamiento: modelos a seguir o evitar, historias conocidas por todos con
las que poner en relación las experiencias individuales.
Los estudios modernos sobre el
mito se sitúan en tres posiciones fundamentales:
La funcionalista, desarrollada por el
antropólogo Malinowski, examina para qué se utilizan los mitos en la vida
cotidiana (refuerzo de conductas, argumento de autoridad, etc.); la estructuralista, iniciada por Lévi-Strauss,
examina la construcción de los mitos localizando los elementos contrarios o
complementarios que aparecen en él y la manera en que aparecen relacionados; la simbolista, que tiene referentes clásicos
en Jung, Bachelard y Gilbert Durand, considera que el elemento fundamental del
mito es el símbolo, un elemento tangible pero cargado de una resonancia o
significación que remite a contenidos arquetípicos de la psique humana. (Un
ejemplo de arquetipo es el Niño Anciano, figura contradictoria que se
manifiesta como un personaje longevo de apariencia o conducta infantil —como
Merlín— o un bebé o niño capaz de hablar y dotado de enormes conocimientos,
propios de un anciano —el niño Jesús dando clase a los doctores—.)
Diferencia entre el mito y otro
tipo de narraciones
A menudo se suele confundir el
mito con otro tipo de narraciones como los cuentos, fábulas o leyendas. Sin
embargo, no son iguales.
Hay varias diferencias entre el
mito y el cuento popular: mientras que los cuentos se presentan como ficciones,
los mitos se plantean como historias verdaderas. Varía también la función: el
mito es esencialmente etiológico (aclara cómo se llegó a una determinada
situación; por qué el mar es salado o el hombre es mortal, por ejemplo),
mientras que el cuento popular trasmite valores (más vale maña que fuerza, el
bien siempre tiene su recompensa, el impostor siempre es descubierto, etc.).
Además, la trama de los cuentos suele ser sencilla, mientras que los mitos
forman parte de un entramado complejo, en el que cada historia está relacionada
con las demás por la recurrencia de personajes, lugares, etc. (así, por
ejemplo, la historia de Jasón está relacionada con los mitos sobre Heracles, al
ser éste uno de los Argonautas).
Las fábulas se diferencian de los mitos por
los personajes (los de las fábulas son animales de conducta humana; los de los
mitos, dioses, héroes y monstruos) y por su función (las fábulas contienen un
mensaje moral, que suele aparecer recogido al final de las mismas en forma de
moraleja, mientras que los mitos son etiológicos).
En cuanto a las leyendas, se
presentan, al igual que los mitos, como historias verdaderas y tienen a menudo
una función etiológica (sirven, por ejemplo, para explicar cómo un linaje
alcanzó el poder, sustentando así su legitimidad política); sin embargo, a
diferencia de los mitos, suceden en un tiempo real, histórico, en lugares
reconocibles por el oyente o lector y a menudo con protagonistas reales (cf.
las leyendas sobre Carlomagno o el Cid).
Una misma trama puede aparecer en
un mito, un cuento o una leyenda, dependiendo de cómo se presente la historia
(como verdadera o ficticia) y cuál sea su función (etiológica, didáctica,
entretenimiento...). Así, se ha señalado cómo la trama del mito de Edipo
reaparece en la leyenda medieval que hace de Judas Iscariote un asesino de su
padre que se casa, sin saberlo, con su madre.
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